Reflexiones sobre la huelga general (capítulo 1)

Un texto tiene tantas interpretaciones como lectores que lo puedan leer, ya sea la Constitución española o mi escrito en el presente blog. La interpretación de lo escrito también juega un papel importante, y conviene a menudo recordar aquello de que quien hizo la ley hizo la trampa.

Hay quien interpreta que el artículo 35 de la Constitución española acerca del Derecho al Trabajo, que conlleva a su vez el deber de trabajar, se contrapone con el Derecho a la Huelga. Siendo así, me pregunto, entonces debe haber un error muy gordo en nuestra Constitución, que proclama un derecho en un artículo y el contrario en el siguiente. Dado, como dije en el anterior párrafo, que la interpretación es libre, yo lo interpreto como el deber de ser productivo y atender correctamente nuestro puesto de trabajo, que no se contrapone para nada a nuestro derecho a estar enfermos, de vacaciones o de huelga.

He leido a gente decir que no se podían permitir perder un día de sueldo o que tenían miedo de represalias. En cambio, tengo que comentar que no he leido a casi nadie decir: “Trabajo en una empresa estupenda, mis jefes son unos currantes y yo por solidaridad no dejo un día de trabajar porque se que les hago daño si paramos”. Esto que estoy describiendo y que no está recogido en ninguna Carta Magna se llama solidaridad humana, la cual no es un artículo constitucional sino una cualidad moral.
Lo que si he oido y leido acerca de la solidaridad humana es a algunos trabajadores de buen nivel, pequeños empresarios y comerciantes que si, que ese día cerraban el chiringuito, por solidaridad con aquellos que han visto recortados sus derechos, sido expulsados de sus trabajos por medio de leyes antisociales.

Hablo de solidaridad humana, por si este concepto se entiende mejor que el concepto de conciencia de clase, que lo mismo a muchos le parece muy “marxista”, así que, para que no quepan dudas, didácticamente se lo explico: significa entender que todos aquellos que necesitamos del trabajo para sobrevivir día a día y que no poseemos patrimonio ni rentas formamos un colectivo dentro la sociedad al que se denomina trabajadores, obreros o precarios (acepciones hay muchas, dependiendo del momento histórico o de la escuela filosófica que lo contemple).
Estas personas de las que hablo, pequeños empresarios autónomos o profesionales diversos que a lo mejor aún no se han visto afectados directamente por los recortes, piensan, sin embargo, que como parte de dicho colectivo, el Estado está perjudicando claramente sus derechos e intereses por mor de pagar una deuda financiera, cuyas pérdidas se han socializado, no así sus ganancias.

No habrán leido en escritos míos jamás un alegato sobre la legitimidad de ejercer la violencia para imponer a los demás su decisión de no utilizar su derecho a huelga como la legítima, democrática y constitucional manera de alcanzar pactos y convenios con el colectivo de la patronal. Mejor que la violencia es la información, la difusión de conocimientos y los argumentos y el mío es este escrito de hoy.

Podemos elegir entre la solidaridad con la empresa o con el colectivo hacia el cual ciertas leyes van dirigidas para recortar sus derechos, el colectivo de los trabajadores.
Podemos elegir entre la conciencia de clase o la alienación.
Entre amar a nuestros amos o desear la libertad.

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2 comments

  1. Sergio dice:

    El espectro de situaciones a la hora de ejercer o no el derecho a huelga en el presente es amplísimo. Hay una pluralidad enorme de contratos, situaciones laborales fruto de una progresiva pérdida de derechos a lo largo de los 34 años de la Constitución, que registra el derecho al trabajo. Todo se forja en torno al trabajo, y para estar integrado en este marco, la ciudadanía necesita trabajar. Todo esto es obvio, pero qué ocurre a día de hoy. El trabajo asalariado es un bien escaso porque el capitalismo parasitario utiliza el miedo para controlar una producción que escapa a su control. La producción ya no reside en la fábrica, la producción se expande hoy en la metrópoli, basada en el intercambio de conocimientos, afectos, lenguaje. El trabajo inmaterial que no puede ser medido con los parámetros de la ciencia económica, escapa a cualquier instrumento de medida porque su componente es social. Es por ello que las élites impongan la escasez al trabajo y empujen a la sociedad a la austeridad y la guerra de todos contra todos. De ahí esa fragmentación y un cuadro desolador donde es difícil movilizarse unitariamente en torno al común que es el derecho a vivir dignamente. La solidaridad creo que es lo que aún nos mantiene vivos en este contexto, pero no es suficiente. Creo que los sindicatos tienen una ausencia total de análisis sobre el presente y su discurso es meramente defensivo y nostálgico. La izquierda parlamentaria tres cuartos de lo mismo. La Izquierda debe asumir que el trabajo asalariado es una escasez suministrada en dósis por el comando capitalista para reforzar su poder y control sobre los ciudadanos. Por eso de nada sirve que sindicatos y fuerzas políticas de izquierda entren en debates economicistas, de deuda, empleo etc. Tenemos que revertir las categorías económicas y darles un sentido social, abandonar los términos de rentabilidad y eficiencia que tanto contamina el imaginario de lo cotidiano. Y liberar el trabajo del comando capitalista porque hoy más que nunca el trabajo es mucho más independiente en su proceso que en la época de la fábrica. El saber y la creatividad está en los cerebros de todos los ciudadanos, las nuevas tecnologías también. El capitalista hoy es parasitario y especulador.
    La oportunidad de una sociedad más justa en el presente, es potencialmente hoy mucho más grande que hace 40 años.

    • Twistedpalo dice:

      algo de esto que dices, Sergio, analizo en mi siguiente post.
      Hay que contemplar con los ojos de la actualidad algunas doctrinas, que no están desfasadas en absoluto en relación a muchos conceptos, pero si están faltas de actualización en su aplicación.
      Gracias por tu respuesta.
      Saludos

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