Etiquetas y carnets: la señora Hipólita y el cuidado del otro

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La señora Hipólita nunca leyó a Marx.
En realidad nunca se leyó un libro, porque es, como muchas mujeres en los pueblos de España en 1936, analfabeta.
Tiene seis hijos, la señora Hipólita, y una casa con corral, una vaca y gallinas. Va a misa todos los domingos. Podríamos decir que es de derechas, si ella supiera qué es exactamente ser de derechas. Como nosotros si sabemos qué es ser de derechas, una mujer de pueblo, analfabeta y temerosa de Dios, que no sabe ni lo que es el feminismo ni se lo cuestiona, con seis hijos, podríamos colgarle esa etiqueta: es de derechas.

Durante la guerra, la señora Hipólita trueca la leche de su vaca con otros alimentos para poder dar de comer a sus hijos. La trueca por pan y azúcar y prepara tostadas con calostro y azúcar que le dan a ella la sensación de ser un buen alimento para los niños.
La mujer tiene vecinos que no tienen tanta suerte de poseer nada menos que una vaca en plena guerra civil. Preocupada por la situación de convecinos en la miseria absoluta, la señora Hipólita idea un sistema de ahorro casero, colecta vecinal y reparto para que nadie pueda realmente morir de hambre o frío en el pueblo mientras dura la guerra.

En pocos meses, el bando nacional toma la región donde el pueblo de doña Hipólita está enclavado y los mandos militares sustituyen al alcalde y a las autoridades. Hay toque de queda, y si quieres salir del pueblo necesitas un salvoconducto, que obtienes fácilmente sí eras cristiano y de derechas, por lo que muchos vecinos, abiertamente republicanos y ateos, huyen clandestinamente. Algunos de ellos, el vecino de al lado, por ejemplo, son ocultados bajo las faldas de la mesa camilla de doña Hipólita, otros duermen con su vaca y son alimentados a escondidas.
Un día, una vecina se sincera con doña Hipólita y le cuenta como su novio está preso en otra zona. Necesita un salvoconducto que las autoridades locales no le conceden y la señora Hipólita le da el suyo para que la muchacha pueda ver a su novio.
A los dos días, la joven vuelve presa y las autoridades prenden también a doña Hipólita.
Las mujeres son encarceladas. Doña Hipólita siente que encanece cada momento en la celda, húmeda y humillante, viendo a sus hijos a través de las rejas llorar.
Ella les sonríe para que no lloren, pero por dentro se muere al verles desvalidos sin su madre.

Al cabo de una semana, el carcelero abre la puerta a las mujeres y estas, de tan aterradas que se sienten , creen que van a morir, pero no. El pueblo entero, republicanos o no republicanos, han acudido a protestar ante las autoridades por el apresamiento de doña Hipólita, la mujer que teniendo seis hijos alimenta a los hijos de otros, que ayuda a sus familiares a esconderse y a huir, que siendo humilde también, comparte siempre con sus vecinos todo lo que tiene y que además ha ideado un ingenioso mecanismo de ayuda colectiva que les permite sobrevivir.

La señora Hipólita, que existió de verdad y murió al poco de terminar la guerra de una pleuresía, no pertenecía a un bando de la guerra, pertenecía a su comunidad, a sus vecinos. No estaba afiliada a un partido ni tenía conocimientos de filosofía ni de política, pero estaba afiliada, sin saberlo de forma consciente, al bando de la ética humana elemental del cuidado del otro.

Y si entendemos la política como un quehacer dirigido al bien común, seguramente la señora Hipólita, sin ningún carnet, sin ningún puesto de poder institucional, analfabeta ella, una persona factible de ser etiquetada como antifeminista y de derechas, fue la persona que más supo hacer política, desde la ética, de todo su pueblo.

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10 comments

    • Twistedpalo dice:

      Es un relato verídíco. Y por dm me están contando cosas similares.
      Son lecciones de ética que no podemos olvidar, ni denostar.
      Desde mi punto de vista, el bando republicano era legítimo y no se ha hecho justicia debida contra el fascismo en este país. Pero el post va hacia otro punto: la Ética como clave fundamental de la convivencia y la política.

      • Pablo Fernandez dice:

        Impresionante,como en una situacion de extrema gravedad (como la GC) una persona no se embrutece y sobrevive ayudando al necesitado socializando lo que tenia. Sin saberlo hizo mas politica que otrxs. Impresionante leccion de humanidad y etica existencial.

  1. Entropía dice:

    Brutal. He acabado de leerlo con lagrimones.

    • Twistedpalo dice:

      Gracias! No pretendía tanto hacer llorar como hacer pensar lo importante que es la Ética. Abrazo
      Ps.el relato es verídico

  2. Txetxu dice:

    Sin quererlo, pretenderlo o saberlo Doña Hipólita era de clase obrera y por lo tanto, en ese contexto, era el bando republicano quién defendía sus intereses de mujer y de clase.

  3. fernando_mh dice:

    Emocionante.
    Sí, la ética va por delante de la política. Y estamos muy necesitados de ética. Y después, de política.

  4. Pablo Fernandez dice:

    Impresionante,como en una situacion de extrema gravedad (como la GC) una persona no se embrutece y sobrevive ayudando al necesitado socializando lo que tenia. Sin saberlo hizo mas politica que otrxs. Impresionante leccion de humanidad y etica existencial.

  5. @tinissimus dice:

    Vaya por delante que el relato me ha parecido conmovedor y repleto de dignidad humana. Sin embargo, me gustaría apuntar mi reflexión en una dirección alternativa.

    El problema de la ética es que hablamos de un concepto que por multiapropiación deviene bastante vacuo. Es como “paz” o “libertad”. Quién se va a manifestar hoy día contrario a la “paz” o a la “ética”?. La ética fundamentalmente está para legitimar unas prácticas a fin de estabilizarlas y mantenerlas en un sistema cultural. Y cómo las prácticas y los sistemas culturales están sujetos a innovaciones y grandes transformaciones, los sistemas éticos también; no hay una ética transcultural o transhistórica. Cualquier neoliberal avezado podría justificar desde su sistema ético, construido a fin de legitimar unas prácticas concretas, que el comportamiento de Hipólita está lejos de ser ético. Dicho a lo bruto: son las prácticas las que construyen la ética y no la ética quien construye las prácticas. Resultado, se lleva el gato al agua el que tiene el altavoz más alto.

    Creo que deberíamos ir trasladando el debate del campo de la ética al campo de las prácticas y los sistemas culturales; sólo acudiendo a la primacía de la práctica (en el más solemne sentido marxista) y reconstruyendo teóricamente esas prácticas, para poder interpretarlas, valorarlas e intervenirlas, podremos empezar a fundamentar racionalmente un pensamiento de izquierdas. Mientras nos movamos en el campo del pensamiento no fundamentado, es decir, en el campo de la doctrina, siempre acabará decidiendo el más fuerte.

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