Erase una vez


Érase una vez un Señor muy malo que gobernó un País con mano de hierro durante cuarenta años.
Al principio, persiguió, exilió y asesinó a todos sus oponentes. Luego, se dedicó a empobrecer intelectualmente a la población de su Estado y a adoctrinarles en el miedo a ser diferentes, individuales, a pensar por si mismos.
La Religión se encargó de subrayar este adoctrinamiento en el temor de Dios y la Policía y el Ejército lo subrayaban también, pero con palos y fusilamientos, de modo que, al finalizar su vida, el Señor Malo era un anciano que tenía entre sus manos un País inculto, atemorizado y pobre del que sacaban ventaja otras grandes naciones como EEUU y la oligarquía financiera y social de la propia Nación.

El Señor Malo, al que llamaban Dictador, al saber próxima su hora, pues era ya muy viejo y achacoso, se dió cuenta de que tenía un grave problema de Sucesión. Día tras día, Iglesia, Policía, Ejército, Oligarcas, todos aquellos que le habían ayudado y que a su vez se habían visto protegidos por su Dictadura, le reclamaban un cambio de poder no lesivo a sus intereses de clase creados a base de la falta de libertad, asesinato y empobrecimiento de la población.
El Señor Dictador era malo, muy malo, pero no era tonto. En su cabeza, que ya asemejaba de por sí una bombilla, se encendió una luz. Y entonces llamó a uno de sus parientes más pobres, que era un Noble Soberbio.
Este pariente, al que no unían lazos de sangre, se encontraba en el exilio y no era rico, pero tenía sangre azul, lo que podía de algún modo, legitimarle como sucesor. Como era de esperar, el Noble Soberbio reaccionó con mucha altanería, pues menospreciaba al viejo dictador, que no era de alcurnia como él. Su soberbia le valió como castigo que el viejo Señor Malo no le declarase sucesor al mando del país, pero si, a cambio, posó sus ojos en uno de los hijos del noble caballero.

El muchacho era espabilado a la manera que el viejo dictador entendía como buena. Era listo y aprovechado, franco y ramplón, de chiste y risa fácil y no se andaba con tiquismiquis, ni respecto a la comida ni respecto a las mujeres. Era de sangre noble, pero no un altanero prepotente como su padre. Y ambicioso.

El viejo Señor Malo pactó entonces con el hijo del Noble Soberbio la Sucesión, no exenta de problemas que antes del momento desagradable de su muerte, se iban a negociar y cerrar, con ayuda, entre otros, de los nuevos ministros de su Régimen y algunas familias oligarcas que entendían que aquello no podía durar cien años.
No del mismo modo.

El hijo del Noble Soberbio fue así nombrado Rey Bondadoso y sucesor del tirano Señor Malo, al que lloró agradecido a su muerte y se dispuso a ejecutar su testamento político: el País recuperaba algunas libertades democráticas, como el voto y los servicios públicos, así como una Constitución de mínimos. Los exiliados regresaron a su Patria, los Partidos Políticos, incluso el perseguido y demonizado Rojo, volvieron a la legalidad, y el País se alegró mucho de recuperar a sus familiares en el exilio, desempolvar libros prohibidos, ver películas con desnudos, viajar, tener derechos laborales mínimos y hablar sin miedo.

Pero por detrás del lógico júbilo del Pueblo, se tejieron algunas trampas que permitían a las familias de siempre, a los poderosos del antigüo Régimen del Señor Malo, seguir siendo poderosos y ricos, eso si, con muchas más trampas, pues al Pueblo ya no se le podía engañar y atemorizar tan sencillamente como antes.
Para ello se necesitaba que el Rey Bondadoso fuera impune ante la Justicia por medio de la Constitución y sus negocios encubiertos por la prensa cortesana, que se dedicó durante lustros a vender por la televisión su imagen afable, de Rey Bondadoso, con la que todos sus súbditos se iban a dormir por las noches, lavándoles así el cerebro con sutileza, de forma catódica.

Asimismo, la Ley por la que los súbditos votaban a sus representantes políticos, contenía tal trampa que sólo era posible a dos de ellos acceder perennemente al poder, de modo que las libertades recuperadas tenían truco del almendruco y los políticos de ambos partidos, algunos sucesores directos de los ministros del Señor Malo, podían libremente repartirse su trozo de pastel.
¿Y qué pasó con la Iglesia? el Pais ya no era católico de forma oficial, pero los impuestos tenían una parte destinada a la Iglesia. Nada les fue expropiado. No como antes, pero seguían siendo ricos e influyentes.
¿Y con el Ejército? quitando las protestas de algunos viejetes nostálgicos del Señor Malo, vieron con buenos ojos a su nuevo Jefe, pues el Señor Malo le había nombrado Coronel de Los Tres Ejércitos y le debían obediencia ciega.

Y cuando las víctimas asesinadas y exiliadas por el anciano Señor Malo quisieron ver reconocida la injusticia de sus sufrimientos, jamás se logró tirar de la manta, pues se habría descubierto que, tras esas injusticias, no sólo estaba el anciano Señor Malo, sino muchas personas que disfrutaban libres de sus millones y puestos de responsabilidad política o militar.

Así, el Rey Bondadoso pudo realizar todos sus negocios desde su posición opaca e inmune, privilegiada, de manera que se enriqueció grandemente. Y, a cambio de que los dos grandes partidos políticos legalizados encubrieran y dieran su visto bueno a los negocios del Rey Bondadoso, este también encubría y dejaba hacer para que sus integrantes robasen a sus súbditos descaradamente. Y así sucedió también con Empresarios y Oligarcas que de este modo habían logrado su objetivo de seguir formando una clase poderosa sin que los nuevos aires de libertad les perjudicaran.

Érase una vez un pueblo que empezó a darse cuenta….. (esta parte nos corresponde escribirla a nosotros)
¿CONTINUARÁ?

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22 comments

  1. RICARDO TORMO dice:

    Creo que hablas de personajes reales pero no acabo de saber quienes :-) Eres grande Paloma.

  2. Nombredardo dice:

    Una historia increible. Le faltan elefantes furiosos y princesas malvadas que roben el dinero de los pobres negritos… Sería ya la leche… Bueno, como podemos escribiren él… tal vez escribamos eso, y saquemos una bandera con tres colores, y convirtamos palacios en museos…

  3. Jesus dice:

    Muy bueno :-)

  4. Fidelín dice:

    Hay que quitar al Rey Bondadoso y poner a un Comandante comunista que solo permita que se presenta a las elecciones su propio partido. Así los 4 trasnochados que votan a Izquierda Hundida estarán felices y contentos.

  5. Alfonso dice:

    El pueblo era muy miedoso, y por nada se asustaba, se guiaba de los voceros del rey y sus adlátares, ignorando siempre a los que le querían ayudar de verdad, y decía, venga ya…si es lo mismo, y se iban de guatemala a guatapeor, y entre fiestas toros, y futbol, eran incapaces de quitarse toda la caspa de sus cabezas

  6. Iña dice:

    Qué buena! Handia haiz! ;-)

  7. Don Ricardo dice:

    Debería usted escribir más.

  8. Fernando Franco dice:

    Y colorin colorado los ultimos 38 años…Esto es historia y no lo que enseñan en las escuelas bajo el cuadro de marras.Salud y Republica!

  9. Dabitxo Piston dice:

    Palo, esto se avisa, joer

  10. Dabitxo Piston dice:

    Addenda: …Pero durante todos esos años, en ocasiones se producían grietas en el Palacio por las que nuestro querdido Pueblo Soberano podía entrever toda la podredumbre en las que se cimentaban la residencia y el Poder del Rey Bondadoso. Era entonces cuando los Oligarcas y la Prensa Cortesana comenzaban a hablar día sí y día también de las Brujas del Norte para que el miedo paralizase al Pueblo Soberano y éste se encerrase en sus casas y trabajos y olvidasen el cimentaje nauseabundo de los 666 Palacios.Incluso cuando las Brujas del Norte declararon su intención de dejar de enviar maleficios y sortilegios sobre el Pueblo Soberano (aunque algunas se habían pasado con las pócimas y seguían embistiendo como vaquillas aguijoneadas pero desmochadas)algunos cortesanos se disfrazaron de Brujas, pues el pánico que sentía el Pueblo Soberano ante su simple mención en público les había permitido seguir tranquilamente con sus chanchullos durante décadas… (TAMBIÉN CONTINUARÁ)

  11. Pedro dice:

    Excelente Paloma. Como dice Don Ricardo, deberías escribir más. Así fue, y ahora ha llegado la cosa a la sublimación. El problema que tenemos para continuar el cuento es preciso que haya republicanos que sepan en qué consiste ser un ciudadano republicano. Mu Güeno Paloma.

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