El edificio

13-rue-01

Tengo una avería en casa. La dichosa bajante que ya anunciaba con reventar hacía siglos, ha decidido hacerlo justo el domingo, maldita sea, y no se qué hacer. Observo preocupada cómo el agua anega mi cama y mi almohada compradas a plazos en Habitat. ¿Volveré a dormir sobre ellas plácidamente? LLamo a los dos fontaneros de la comunidad, que no aparecen. Están, por lo visto, en casa del dueño del edificio negociando no se qué historias, me ha contado la mujer de uno de ellos cuando he telefoneado. Para estos dos fontaneros, el dueño y sus problemas son su prioridad, vete a saber qué demonios le pasa al señor, que les tiene siempre pegados a su falda y nunca aparecen cuando la comunidad les necesita.

Se me ocurre una idea: avisar a los vecinos. Creo que debo hacerlo, no sólo para ver si pueden ayudarme, sino porque la avería repercute en la casa de los otros vecinos y, en última instancia, nos cortan el agua a todos. Sólo se salva del corte de agua el vecino del cuarto, que se puede ir a su chalé en la sierra.
Localizado el vecino que tiene su chalé en la sierra y que le va a importar un pito mi avería (lo mismo la ha provocado su aparatoso jacuzzi que instaló y que todos los vecinos sabíamos que iba a causar problemas) quedamos el resto de vecinos de la comunidad. Somos muchos, somos la mayoría de habitantes del edificio, los de los pisos exteriores, los de los bajos, o los alquilados.

Tarde o temprano mi chorreón de agua le va a calar al de abajo, así que pongo en marcha un mecanismo de solidaridad vecinal. Con cubos, acuden a cooperar varios, pero nada, oye, que el agua sigue, la avería crece y ninguno de nosotros es fontanero.
Mechachis, la solidaridad entre los vecinos sirve para mil cosas útiles, pero no para todo ni en todas las ocasiones.

Además, me doy cuenta de que no han venido todos. Faltan los de las escaleras interiores, otros vecinos que son hombres que viven solos y los propietarios. Yo soy mujer, alquilada de un exterior. No todos los vecinos me tratan igual, bien por no ser propietaria, por ser mujer o por tener una casa con vistas hacia afuera. En fin, que estamos todos jodidos con lo del agua, pero nos separan esos rencores de vecinos que se creen que el de al lado vive bien o incluso tiene la culpa de algo, de la avería misma tal vez.

Por fin viene un amable señor. Me dice que le vote en la junta y asi no tendré más problemas. El agua sigue cayendo. Mis cosas anegadas, jamás podré volver a mi cocina, eso está claro viendo el estado de ruina. Parece irremediable el asunto, pero el vecino no se marcha sin hacerme prometerle mi voto en la junta. Lo mismo cuando llegue la fecha ya no hay junta ni edificio, pero eso no lo ve el caballero del voto impertérrito.

Ahora vienen dos chavales muy majos, con pinta de catequistas o algo así. No son del inmueble, jamás les he visto antes, tienen un acentillo raro, alemán tal vez, y me regalan un libro sobre cómo reparar uno mismo sus propias averías.
¿Tendré tiempo de estudiarlo? se lo compro, no me queda más remedio.
¡Hey, vecinos, tengo un libro de reparaciones, lo haré yo misma! Se vuelven todos a casa y me quedo con el libro, concentrada leyendo, hasta que me parece encontrar un diagnóstico adecuado.
Aprieto esta palanquita y a ver, ¡uy! ¡sale más agua! ¡ahora si, la hemos jodido!

Estoy en este momento viendo la calva del vecino de abajo, el suelo ha cedido a la presión, ¡esto es terrible!
Varios aporrean mi puerta, me echan en cara a voces la irresponsabilidad de no haber sabido arreglar la avería.
¡Pero si no soy fontanero, oiga! Son los propietarios los que me están reclamando a gritos. Claro, les estoy jodiendo sus casas… pero no soy yo, ha sido casi seguro el del cuarto, cuando se puso aquel jacuzzi que parecía una piscina olímpica en un edificio con las tuberías agujereadas por el tiempo, pero a él no van a reclamarle.

Ay dios, estoy ya casi nadando, veo con desesperación flotar a mi alrededor los objetos que alguna vez fueron mi vida. Pero aun pienso que pueden llegar los fontaneros, los bomberos o alguien.

Abro la puerta a los que me están insultando en el rellano. Ya todos con los zapatos mojados y enfadadísimos me pasan una factura con desperfectos. Como dije antes, no soy propietaria y no se si el casero tendrá seguro. De momento, dicen, le toca pagarlo a usted y luego haga cuentas con el arrendador si es que tiene seguro.
Pero oigan, soy vecina, como ustedes, me ha tocado a mi, pero ustedes también podrían haber sido los afectados, unámonos contra el dueño del jacuzzi, seguro que ha sido ese aparato monstruoso que instaló y…

Bueno, me han dejado con la palabra en la boca. Creo que les importa un bledo que no pueda pagar esa factura. Para ellos no soy una vecina más sino una alquilada, un parásito raro que viene y va. La comunidad es suya, los derechos de ser propietario también. Aunque técnicamente al alquilar yo también debería formar parte de la comunidad, la realidad es que me menosprecian.

Ay, que veo flotando alrededor un papelito mojado… ¡Ay, que es una publi de buzón con el teléfono de un fontanero por horas! ¡VIVA!

Estoy a punto de marcar el teléfono del fontanero cuando llaman a la puerta de nuevo. Dios, si abro les ahogo. ¿qué quieren?
¡Abre la puerta so cabrona! ay, ay, estos de los pisos interiores, qué mosca les ha picado que se han reunido todos frente a mi felpudo.
¡Oigan, que la culpa no es mía!
Si claro, les oigo, tu que vives en un piso exterior de puta madre no tienes la culpa. ¿Sabes cómo están nuestras viviendas? Hemos llamado a los bomberos.
¡Fenomenal! tal vez nos ayuden a todos y…
¿A tí qué te van a ayudar, señorita fina de piso exterior? ¡a ti te vamos a demandar!
¡Pero si no he sido yo!

Pero da igual, ya me da igual.
No puedo dar explicaciones a toda esta gente que en un edificio ideal me habrían ayudado como vecinos, como habitantes de un mismo lugar, como afectados por un vecino abusón y un dueño del inmueble cuyos fontaneros están siempre fuera de servicio.
Necesito sobrevivir, necesito salvar mis cosas y mi vida.

Así que marco el número del fontanero de la publicidad, del providencial buzoneo.
Le llamo, operadora, si… pulse el 4 para emergencias… ¡voy!…..

Aquí estoy, escuchando una música de espera. Todavía estoy a tiemglub glub glub glub

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5 comments

  1. Don Mitxel dice:

    Por lo que me cuenta, esto va a ser de las cañerías…

  2. Yo no estoy en linea con lo aqui expuesto, pienso sinceramente que hay muchos factores que no han podido ser considerados en cuenta. Pero valoro mucho vuestra opinion, es un buena web.
    Saludos

    arquestil.com http://www.arquestil.com

    • Twistedpalo dice:

      Es que en la vida hay diferentes opiniones y puntos de vista y eso es positivo. Si no seríamos máquinas. Y es saludable poder debatir, compartir, convencer, ampliar el punto de vista.

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