El concepto humanista de El Otro

el_otro_dribbble

Hay un libro maravilloso del periodista Ryszard Kapuściński cuyo título, Encuentro con el otro, avanza un concepto claramente humanista.
El periodista polaco que viajó por toda Africa durante la etapa del fin del colonialismo, escribió, basándose en sus experiencias con civilizaciones no occidentales, esta pequeña obra que pretende situarse en la piel de identidades culturales diferentes y resituar la perspectiva clásica de “El Otro” como enemigo o distinto para verlo como parte del mosaico humano.
En esa misma línea insiste el filósofo hebreo Emmanuel Levinas. Levinas, que fue prisionero de un campo de concentración en Hannover, propone la Etica como filosofía primera y se pregunta: ¿qué noción de persona, de libertad y de realidad ha sustentado a la civilización europea, a la civilización de la racionalidad filosófica, de los principios igualitaristas de 1789 que es, a la vez, la civilización de los campos de exterminio y los gulags?
El filósofo analiza desde el estructuralismo, que la civilización occidental se sostiene sobre un falso humanismo basado en un análisis deficiente de principios como el individuo y la libertad. A partir de ahí, Levinas se propone una necesaria redifinición del humanismo occidental y esa rehabilitación ha de pasar a su vez por la redifinición del Ser. Es decir, rechazar que la humanidad del hombre resida en su posición de Yo. El hombre, por excelencia –la fuente de la humanidad– es quizás el Otro.

Toda esta introducción filosófica me sirve para pasar a observaciones cotidianas y prácticas que pueden servir para ilustrar el tema. Nuestra experiencia diaria en redes sociales es una continua afirmación del Yo sin apenas espacio para entender a El Otro. El Otro, casi por definición es El Enemigo, el que no piensa como Yo. Esa individualidad del Yo queda disfrazada por una falsa apariencia de Comunidad: YO y Los Míos. Y Los Míos son, básicamente, los que piensan como Yo, es decir, son los que no me plantean ningún conflicto con mi individualismo y mi incapacidad de una mínima empatía con el pensamiento de El Otro.
Obviamente no me refiero al lógico rechazo que pueden suscitar pensamientos contrarios a los derechos humanos o a la ética más elemental. Es frecuente que en una red social aparezca este tipo de individuos cuya afirmación del Yo consiste en la eliminación de los demás (si han matado a una mujer algo malo habrá hecho, por poner un ejemplo). El ejercicio de repulsa hacia ese tipo de comportamiento es sano socialmente.
Hago referencia a casos en los que la diferencia de pensamiento está marcada por una diferencia de visión frecuentemente influida por características como el entorno, el grupo, el conocimiento o su falta de él, la emocionalidad o la falta de ella, el análisis crítico o su falta de él.
Así, es frecuente ver ataques con “brocha gorda” al que observa las cosas desde una postura distinta al Yo.
¿Soy capaz de entender que un afiliado a un partido, que paga sus cuotas incluso ante el escenario de no tener para comer, y que se siente acogido grupalmente en su fragilidad por unas siglas, se sienta dolido y ofendido ante un examen crítico a dicho partido? ¿Soy capaz de empatizar con ese sentimiento, entenderlo y no ir a chinchar a esa persona ex-profeso? ¿o somos incapaces de resistirnos a la tentación de leerle una cartilla con Mis Verdades?
Por otro lado, ¿es esa persona capaz de intuir que ese examen crítico parte de un intento de mejora y no constituye una ataque personal? ¿ es posible que pueda resistirse a la tentación de atacar en grupo (el grupo de Los Míos que tiene las mismas ideas que Yo) al que tiene una conciencia desde un punto de vista no emocional sobre su partido?
Pasando a un ámbito más amplio, y casi dejando de lado las redes sociales, aunque en ellas se ve reflejado muy bien esa discusión entre el Yo y El Otro, ¿somos capaces de entender a una comunidad que tiene pocas cosas a las que asirse, como es lo Sagrado? ¿Soy yo, Paloma, una persona racional educada en valores occidentales de Libertad de expresión, capaz de entender que hay expresiones que hieren a El Otro, que puede ser una persona excluida, sin recursos y con la Fe como única salida? ¿Seré capaz de no atribuirme en posesión de una gran Verdad y posponer el conocimiento y la comprensión hacia El Otro frente a la defensa de Mi Verdad?
Ese dificilísimo ejercicio de comprensión al Otro es una necesidad en el escenario la guerra de religión que se avecina. Defendemos nuestro derecho de Libertad de expresión como irrenunciable, pero separándolo absolutamente del derecho a la Igualdad de EL Otro y pasando olímpicamente de la Fraternidad, porque en realidad, en esa defensa a la Libertad de expresión estamos haciendo valer nuestro Yo y nuestros valores frente al Otro y los suyos (que en este caso, obviamente no es matar sino su derecho a sus símbolos sagrados como recurso frente a la miseria). En ese ejercicio de comprensión podemos encontrar muchas soluciones. Si defiendo Mi Libertad de expresión, ha de ser en base a defender con el mismo ímpetu la Igualdad de El Otro y la fraternización con el diferente. Sería una buena manera de evitar una conversión masiva al radicalismo en los sectores excluidos socialmente, ya no digamos en aquellos países que Occidente (y sus “valores” de falso análisis de la libertad individual) ha expoliado y empobrecido literalmente.
Mi primer ejercicio de humanismo y de esforzarme en entender al Otro de una forma intuitiva fue en la facultad. Me resistía a pensar en el pueblo alemán como “nazis criminales”, “un pueblo asesino”, pensamientos muy de moda en aquellos años. Buscando diversas lecturas y haciendo una labor de investigación con métodos de historiografía la conclusión daba claves para determinar algunas soluciones. Quedarse en el imaginario del “alemán malo” sin parar en factores determinantes como la humillación económica al que fue sometido el pueblo alemán tras la I Guerra Mundial, nos priva de entender lo fácil que es que se repita un Holocausto si determinadas condiciones vuelven a confluir.
Por tanto, esa búsqueda humanista de las razones de El Otro también es un ejercicio práctico de búsqueda de soluciones y previsión y prevención de escenarios.

Entender al Otro, incluso al que resueltamente es nuestro adversario: ¿cual es la mejor manera de expoliar un país? mantenerlo débil y en perpetuo conflicto ¿Nos suena? Ese Yo que sólo se detiene a pensar en El Otro para expoliarle.
Ese Yo que encerrado en si mismo y su afán de “mismidad” nos priva de nuestra propia Humanidad.

¿Te ha gustado? Compártelo
  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • RSS

3 comments

  1. kandereth dice:

    Estoy muy en consonancia con tu reflexión, me parece un camino a recorrer, un reto que abordar para dar pasos adelante y no cíclicos. Un saludo.

  2. El antropocentrismo y su humanisno es una religión, es discriminación, es irracionalidad, es un fraude intelectual.

    Quien no es humano también debe ser respetado. No respetar a alguien porque es de otra especie es especismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *