Discursos Inútiles

Bauman-riqueza_CLAIMA20101020_0129_4

En sus once tesis sobre Feüerbach dijo Marx que “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.
Es el litigio entre la filosofía como observación contemplativa idealista y la filosofía como transformadora de la realidad material, lo abstracto como transformador de la vida social práctica.
El pensamiento puede y debe transformar la sociedad civil, según la célebre tesis marxista.
Y podríamos seguir comentando apasionadamente sobre materialismo dialéctico, histórico, lógica de la dialéctica, dialéctica subjetiva y otras nociones relativas a la filosofía marxista que estoy bastante convencida de que muy pocos han leído, menos estudiado y escasos los que la entienden.
El asunto es que estamos hablando de Filosofía como conocimiento que, partiendo de la observación empírica de la realidad, logra articular un discurso que puede transformarla.

Observando la realidad en pleno siglo XXI (el empirismo es así, se trata de mirar alrededor, no hacer vaticinios) hay muchos filósofos que partiendo de la base marxista (sea para puntualizar, completar o proseguir) han hecho ese trabajo de observación empírica y análisis.

Baudrillard concluye que la nuestra es una sociedad del espectáculo, de lo hiperreal (distraidos con el cine, la Tv o las redes) y del simulacro, pasiva, espectadora por tanto, jamás un sujeto activo, menos aún revolucionario (entendiendo la revolución como término decimonónico). Bauman observa una sociedad civil cuya base trabajadora está deslocalizada de la gran fábrica y desarticulada como clase y cuyo capital no basa tanto su riqueza en el trabajo como en la especulación del valor de los bienes activos. Owen Jones hace hincapié en la desmovilización de los trabajadores pobres en medio de una sociedad civil que se articula por modelos de éxito social y económico. El filósofo libertario socialista Michel Onfray, diferencia entre el capitalismo, como modo de producción y el liberalismo, como repartición desigual del beneficio.
Una amplia variedad de puntos de vista que interpretan los cambios a los que la sociedad civil occidental ha ido adaptándose y reconfigurándose desde los tiempos de Marx.

Todo esto es importante, o debería, si queremos construir un discurso que movilice a la sociedad. Porque de eso se trata, en apariencia o en principio.
Si queremos movilizar a la sociedad del siglo XXI tenemos que observar primero a esa sociedad.
Si una vez se consiguió, es posible que tuviera algo que ver la observación correcta y analítica de esa sociedad civil a la que “revolucionar” para dirigirle el mensaje que le hiciera despertar la conciencia. Lenin podría ser un ejemplo práctico de líder revolucionario en una Rusia donde había muchos más Mujics (trabajadores de la tierra) que clase obrera, una sociedad más feudal que capitalista.

El discurso que ha funcionado en España, la España post 15M de la crisis económica y democrática, es el discurso ciudadanista de Podemos. Ciudadanista de izquierda, el propio Owen Jones o Alexis Tsipras le dan la mano a los líderes de este partido que nació como movimiento catódico.
Podemos es de izquierdas, entendiendo izquierda en el sentido socialista antiliberal proclamada por Onfray, proprecarios, en terminología de Bauman, da esperanza y dignifica al trabajador frente a una “casta” enriquecida que dejaría así de ser modelo social de éxito de las tesis de Owen Jones, y de izquierdas porque le hace un buen corte de mangas a la sociedad del espectáculo de Baudrillard, valiéndose de ella para difundir sus mensajes. Y es ciudadanista, porque es la sociedad civil española la que no es ni de izquierdas ni de derechas, y escucha y se conmueve con aquello que que puede escuchar y hacerle sentir identificado. Un discurso funciona cuando emociona porque logra que el interpelado sienta que se le está hablando a él.

El triunfo del discurso ciudadanista de izquierdas es un bien necesario. Sobre todo porque la izquierda española está todavía mirando a su alrededor, observando la realidad, construyendo un análisis social que le permita construir un discurso movilizador. En el mejor de los casos. En el peor de ellos, se tapa los ojos, desiste de analizar la realidad objetiva a su alrededor, insulta a quienes no se motivan y persisten en usar mapas antigüos en un territorio modificado.

La esperanza de que algún día la izquierda vuelva a ser motor de la Historia pasa por una regeneración de su discurso, que para nada tiene que ver con descafeinarse o hacer la vista gorda, sino con algo tan marxista como observar, analizar y transformar.

¿Te ha gustado? Compártelo
  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • RSS

2 comments

  1. Niemand dice:

    Me ha encantado. Te ha quedado brillante. Acabaré pensando que eres toda una pensadora, Palo.

  2. MarioJPC dice:

    Buen artículo. Tienes una moraleja también de dos películas. No sería capaz de escribir algo así.

Responder a Niemand Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *